tierra tal vez

15 noviembre 2010

Crónicas colombianas. Bogotá dulce y antigua

Archivado en: Sin categoría — enrique stanziola @ 2:04

Para los argentinos Los Andes son una línea, una barrera que hay que atravesar, no un lugar donde hacer una ciudad. Imaginen 8 millones de habitantes, edificios de hasta 30 pisos, en un alto valle andino, a 2600 msnm, encerrado entre montañas escarpadas y cubiertas de selva. La altura es la misma que en Puente de Inca, Mendoza, en el limite con Chile. El aire es fino, de montaña, frío y húmedo, mezclado con olor a diesel.

En el barrio histórico de La Candelaria uno puede perderse por callecitas coloniales adoquinadas con piedras desparejas, casas de muros anchos, balcones cortesanos y paredes multicolores. Vamos a tomar algo a un bar, somos 14 en un salón para nosotros solos y una gran mesa. El lugar es una casa antigua sobre la humilde plaza de la fundación de la ciudad. Chévere.

Laura, una fotógrafa de Medellín, cuenta la historia del Animero, mientras toma un coctelito. En Copacabana, un pueblo de Antioquia, existe un hombre que todos los días de noviembre va por el cementerio con una campana, tocando sobre cada tumba, para despertar a las ánimas. Alguna gente del pueblo lo sigue detrás. En esa multitud es imposible saber quienes son los vivos y quienes son los muertos, dice la paisa cantando. Tradicionalmente el puesto se hereda, pero el hijo del Animero actual no quiere asumir cuando su padre muera. Me pregunto desde cuándo existirá esta familia de mediums publicos.

Pensaba en lo lejos que nos queda la colonia en Buenos Aires. Para nosotros el pasado español es un idea abstracta, hay que pensar en eso para hacerlo presente, no sin esfuerzo. Aquí la historia te envuelve como una ola. No podés estar al margen. Me dicen que hay mejores zonas en Bogota. Prejuzgo que serán urbanizaciones modernas y limpias. Ya se que La Candelaria será siempre mi barrio favorito de Bogotá.

Salimos de comer temprano (que relativos son los conceptos, eran las 10 y parecían las 12 de Buenos Aires). Mis amigos colombianos se preocupan porque dicen que la zona es peligrosa. En la calle hay gente de todo tipo, muchos adolescentes, pocos rubios, ninguno es rico. Los ánimos están un poco alterados, la marihuana corre como caramelo. Insisten mis amigos en que hay otras zonas más chévere para ir de rumba. Lo dudo.

Casa colonial pintada con grafiti artístico

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2 comentarios »

  1. Me encanta esta crónica, puedo respirar ese aire, esos olores, ver esos colores, sentir la humedad, la fuerza de la historia y el espíritu de la gente.Tuve un paciente colombiano y creo que más que hacer terapia disfrutaba su charla, su acento y la gracia y elegancia de sus expresiones.Disfrutalo mucho!!

    Comentario por Maria Ines Stanziola — 15 noviembre 2010 @ 10:47 | Responder

  2. Gracias hermanita, ojala un dia puedan venir!

    Comentario por enrique stanziola — 16 noviembre 2010 @ 11:06 | Responder


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