Estuve de vacaciones en Barreal, en la cordillera sanjuanina. Estábamos en una casa en el campo, de esas donde no queda claro el límite entre el jardín y el monte natural. A la mañana temprano es un espectáculo de pájaros y a la noche vuelan las luciérnagas. Hacía mucho tiempo que no las veía. Hoy en los jardines de las casas de ciudad ya no se las ve, pero cuando era chico aparecían de vez en cuando.
Además de estos bichos luminosos y adorables, también hay hormigas negras. Andan por la galería, donde pasamos mucho tiempo admirando el escenario natural de pájaros de colores, flores, arboles y cordillera al fondo.
Para mi no era mayor problema que anden por ahí, hasta donde me acuerdo, nunca me picó una en la vida. Pero a mis compañeros de viaje les molestaban. Probaron matarlas a los pisotones pero siguieron viniendo. Entonces decidieron buscar veneno. No los culpo, esta actitud está enmarcada por el contexto cultural en que vivimos, como explicaré más abajo.
Compraron hormiguicida en polvo Baygon de Johnson & Son, lo tiraron, como indica el envase, por los caminos de hormigas y los hormigueros. Al rato ya no quedaban hormigas vivas en la galería.
A la noche descubrimos algo raro, había puntitos de luz en el piso de la galería. Eran iguales a los de las luciérnagas, pero estaban quietos. Cuando lo alumbré con la linterna, vi algo que me dio mucha pena. Luciérnagas muertas, cuyas colas bioluminiscentes todavía emitían luz.
Al día siguiente me quedé pensando en lo sucedido. En las consecuencias no deseadas de nuestros actos. Y en que nuestra cultura aun tiene una visión limitada de la cosas. Pensamos nuestros actos como una secuencia cerrada de causas y efectos. Como si las cosas existieran en tubos de ensayo. Nos falta madurar una nueva visión: darnos cuenta que cada acto que realizamos tendrá otros efectos, además del inmediato y pretendido.
Comprendí profundamente que todos nuestros actos son ecosistémicos. Con o sin intención o conciencia, están condicionados por nuestro entorno y tienen consecuencias en el entorno.
Nuestro entorno es más complejo que los fenómenos que vemos a simple vista, encadenados uno detrás de otro, de tal manera que los creemos una cadena lógica de causas y consecuencias.
¿Que ocurrirá con el veneno cuando llueva y el agua lo lleve al jardín y el campo? Luego la dueña de la casa me contó que llevan gastados muchos kilos de veneno para exterminar las hormigas ¿Cuantos insectos matará ese veneno?¿Cuanto tarda en degradarse? ¿Que les pasará a los pájaros que coman insectos contaminados? En el pote de veneno dice que es inofensivo para otros animales. ¿Podemos creer a la empresa, cuyo fin es vender más de ese producto? ¿Que otras consecuencias que no puedo imaginar ahora tendrá la simple acción de limpiar la galería de hormigas?
Ahora bien, esta acción no sale de la nada. Está basada en nuestro conocimiento y experiencia, ayudados y limitados por nuestra capacidad perceptiva y la tecnología que tenemos a mano; es decir, condicionados por lo que somos y por el entorno cultural, social y económico donde vivimos. Alguien nos enseñó que las hormigas son molestas y conviene sacarlas de nuestra vista. Alguien nos recomendó usar veneno. Las empresas lo fabrican y lo venden como seguro y conveniente a nuestro comfort. El gobierno autoriza el uso del veneno.
Home de www.baygon.com. Muestra el slogan “Research that protects your world” (Investigación que protege tu mundo)”
En general no vemos rápidamente las consecuencias de lo que hacemos y, ayudados por nuestra mentalidad racionalista y empirista, creemos que no las hay si no las vemos. Es fundamental que ampliemos nuestro enfoque, eso no es fácil porque requiere un cambio cultural. Pero ya está comenzando.
Para esta nueva visión que necesitamos nos puede ayudar la idea de ecología mental, que Leonardo Boff define como la ecología que “trabaja con lo que pasa por nuestra mente y nuestro corazón. ¿Cuál es la visión del mundo que tenemos? ¿Qué valores orientan nuestra vida? ¿Cultivamos una dimensión espiritual? ¿Cómo debemos relacionarnos con los otros y con la naturaleza? ¿Qué hacemos para conservar la vitalidad y la integridad de nuestra Casa Común, la Madre Tierra?”
Quizás una forma de comenzar a adquirir ecología mental sea poner de manifiesto la trama de nuestros actos, exponer la red de causas y consecuencias, para tener conciencia de lo que estamos haciendo en el entorno. En este sistema, para muchos de nuestros actos hay retroalimentación tardía y parcial.
Usando nuestra vieja lógica, si aumentamos la visibilidad de las consecuencias, podemos comprender, ser mas concientes y pensar qué conviene hacer antes de actuar.
Luciérnaga (origen Wikimedia Commons)
Mujeres cazando luciérnagas junto a un arrollo. Pintura japonesa. (origen Wikimedia Commons)